Quiero pensar que no todo ha sido en vano. Quiero creer que puedo identificar ciertas cuestiones para la próxima.
Los hombres que abusan de los diminutivos, especialmente si mecha en alguna conversación el término "personita", es preferible evitarlos. ¿Por qué? Bueno, evidentemente porque son idiotas, personalmente no tendría ni amigos (de ningún género) que elijan expresarse de esa manera. Pero además, porque claramente hay algo en ellos que no está bien desarrollado, quizá sus madres les hablan así. Las mujeres a veces no pensamos en esas cosas. ¿Qué pasa si tu suegra se dirige a tu pareja como si fuera un bebotote? Están al horno, eso pasa, salí de ahí. Porque nosotras matamos a la boludita que habla como nena, pero convengamos que es más válida una estrategia de seducción de los ochenta que un flaco que dice "manitos, ojitos, pelito" (pienso en "personita" de nuevo y me corre un frío por la espalda).
También desconfío de los amantes de las películas románticas. Será porque ni en mis peores mares de hormonas me fumo a alguna rubia de ojos gigantes haciendo pucheros durante media hora. Si hay un ser del género masculino al que le fascinan esas películas es muy probable que termine siendo un cursi tremendo. Y ¿qué cara le ponés a alguien que te cae con un peluche rosa? Yo creo que un Orlando Bloom bien iluminado y con música de Coldplay de fondo vende el gesto como algo cool, pero creo que tendría que venir el mismísimo Orlando con un el rubio ese cantadole a capella atrás para que ese tipo de acto sea safable.
No es que sea anti romanticismo, es que ese tipo de cosas no tienen nada que ver con gestos de amor. Lo peor son siempre los poemas. No los poemas en general, pero nadie quiere un refrito que no tiene nada que ver con nada solamente porque se corrió la voz de que a las chicas nos gustan ese tipo de cosas. Prefiero que si el pibe escucha cumbia me señale una canción de Néstor en bloque si es algo que conoce y realmente le parece que se expresa por él. Lo digo en serio. Si saliera con un arquitecto apreciaría mucho más que me regale una maqueta que OTRA VEZ el mismo poema de Benedetti, o qué decir de Neruda (¿otra vez Poema 15? muchachos, yo no me callo ni un minuto).
La cuestión es la delgada linea que separa al enamorado del flaco que estaba esperando una víctima para jugar a ser George Clooney en alguna película que el mismo George se está queriendo cortar las bolas por haber hecho. No sé bien la cuestión de qué, solamente quería compartir algo de mi pequeño aprendizaje.
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viernes, 8 de abril de 2011
martes, 14 de septiembre de 2010
Como un bebé
Desde que me quedé sin casa, iba a dejar de fumar y no lo hice, adquirí una nueva costumbre.
No me había dado cuenta, hasta que me di... las cosas son así en la vida y odio los puntos suspensivos pero a veces es lo único que nos queda bien y no todos escribimos poniendo puntos y comas donde suponemos que va una pausa en la lectura así que no jodan.
A la noche antes de dormir me acurruco en el cómodo sillón (¡sofá cama!, grita una de las hospitalarias anfitrionas de mi exilio involuntario del mundo de los bienes raíces) y reviso mi blackberry hasta quedarme dormida. Supongo que con la mención del semi novedoso gadget todo intento de convertir esto en un romántico post del subdesarrollo (al menos por el tono) se habrá ido al carajo; pero yo me siento muy digna de una película de Agresti así que lo voy a seguir relatando. También lo chequeo cuando hago tiempo en el bar carísimo pero donde se puede fumar en el que paso algunas tardes (en mi nuevo hogar transitorio tengo que fumar en la escalera para el deleite de los vecinos). Para ser sinceros no tiene tantas funciones, no es que uno lo mira y se siente encumbrado a la más sofísticada tecnología, pero tengo acceso a más de una red social, algunas fotos, algunas canciones.
Tuve que enviar a mi perro y a mi computadora a vivir con mi novio a otra ciudad. Mi ropa está dividida entre una valija y varias bolsitas que fui llevando al departamento transitorio cuando empezaron los días cálidos. Mis libros juntan polvo dentro de cajas en casas de múltiples familiares. Mi mesa fue donada. Mi televisor confiscado. Mi cafetera está guardada. Mi cuadro de Frida Kahlo está roto más allá de cualquier salvación posible.
Hace unos días callé al bb porque ya no soportaba ni su ringtone. No interactúo demasiado en ninguna red social, aunque una rápida ojeada a Twitter y ya me pongo al día con el día; creo que mi interacción, en realidad, es con el aparato. Lindo adminículo que da la sensación de llevar muchas cosas en una y que me permite mantener algunas de mis viejas costumbres vaya donde vaya.
(Hace unos días salió esta nota de Eliseo Verón en Perfil y, si bien el fin era otro, me gustó mucho para pensar sobre la intermediación tecnológica, esa cosa de mandinga)
No me había dado cuenta, hasta que me di... las cosas son así en la vida y odio los puntos suspensivos pero a veces es lo único que nos queda bien y no todos escribimos poniendo puntos y comas donde suponemos que va una pausa en la lectura así que no jodan.
A la noche antes de dormir me acurruco en el cómodo sillón (¡sofá cama!, grita una de las hospitalarias anfitrionas de mi exilio involuntario del mundo de los bienes raíces) y reviso mi blackberry hasta quedarme dormida. Supongo que con la mención del semi novedoso gadget todo intento de convertir esto en un romántico post del subdesarrollo (al menos por el tono) se habrá ido al carajo; pero yo me siento muy digna de una película de Agresti así que lo voy a seguir relatando. También lo chequeo cuando hago tiempo en el bar carísimo pero donde se puede fumar en el que paso algunas tardes (en mi nuevo hogar transitorio tengo que fumar en la escalera para el deleite de los vecinos). Para ser sinceros no tiene tantas funciones, no es que uno lo mira y se siente encumbrado a la más sofísticada tecnología, pero tengo acceso a más de una red social, algunas fotos, algunas canciones.
Tuve que enviar a mi perro y a mi computadora a vivir con mi novio a otra ciudad. Mi ropa está dividida entre una valija y varias bolsitas que fui llevando al departamento transitorio cuando empezaron los días cálidos. Mis libros juntan polvo dentro de cajas en casas de múltiples familiares. Mi mesa fue donada. Mi televisor confiscado. Mi cafetera está guardada. Mi cuadro de Frida Kahlo está roto más allá de cualquier salvación posible.
Hace unos días callé al bb porque ya no soportaba ni su ringtone. No interactúo demasiado en ninguna red social, aunque una rápida ojeada a Twitter y ya me pongo al día con el día; creo que mi interacción, en realidad, es con el aparato. Lindo adminículo que da la sensación de llevar muchas cosas en una y que me permite mantener algunas de mis viejas costumbres vaya donde vaya.
(Hace unos días salió esta nota de Eliseo Verón en Perfil y, si bien el fin era otro, me gustó mucho para pensar sobre la intermediación tecnológica, esa cosa de mandinga)
domingo, 27 de junio de 2010
Sueños rotos
Bueno, lo voy a contar. Pasé por la TELE, pasé, vi luz y entré. No voy a dar detalles pero una protoreflexión: existe un modelo empresarial –debe existir, no tengo idea– medio falluto que consiste en querer armar productos de calidad con muy poca plata, sin ningún incentivo ideológico, estético o moral que lo sustente. Entonces, con esas condiciones sólo se podrán contratar personas con mucho hambre en los puestos más bajos (era mi caso) y personas muy mediocres en los puestos más altos. Esto excluye, por ejemplo, el cine independiente, el teatro under y toda cosa hechaapulmón por el valor intrínseco de la cosa en si.
En lo que luego sería recordado como mi último día fui partícipe de un diálogo bizarro.
Productor ejecutivo: - ¿Cómo te fuiste a dormir? ¿Cómo que querés dormir? Esto no es así LATELE no es así, vos tenés que estar disponible 24 horas por día, en LATELE tenés que estar disponible 24 horas por día. Porque a mí me lo dijo YANKELEVICH, me lo dijo en persona, las excusas no se televisan, YANKELEVICH lo dijo, porque en LATELE las cosas son así. Si no, no servís para LATELE y andate a hacer cine que trabajan cada 20 días.
Yo: - Pero me levanto a las 3 de la mañana para estar acá, me acosté a las 11 de la noche, me lo pediste después, no lo vi…
Productor ejecutivo: - NO ME CONTESTÉS, sos muy cocorita vos, si no cambias tu actitud no vas a durar en LATELE.
Y tenía razón eh. Puta madre, ya no seré Yankelevich.
En lo que luego sería recordado como mi último día fui partícipe de un diálogo bizarro.
Productor ejecutivo: - ¿Cómo te fuiste a dormir? ¿Cómo que querés dormir? Esto no es así LATELE no es así, vos tenés que estar disponible 24 horas por día, en LATELE tenés que estar disponible 24 horas por día. Porque a mí me lo dijo YANKELEVICH, me lo dijo en persona, las excusas no se televisan, YANKELEVICH lo dijo, porque en LATELE las cosas son así. Si no, no servís para LATELE y andate a hacer cine que trabajan cada 20 días.
Yo: - Pero me levanto a las 3 de la mañana para estar acá, me acosté a las 11 de la noche, me lo pediste después, no lo vi…
Productor ejecutivo: - NO ME CONTESTÉS, sos muy cocorita vos, si no cambias tu actitud no vas a durar en LATELE.
Y tenía razón eh. Puta madre, ya no seré Yankelevich.
martes, 15 de junio de 2010
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